14 de julio de 1919 nace Sofía Burgi La querida abuela suiza que hizo su vida en Carmensa y hoy cumple 102 años


La migración de helvéticos en Argentina ha sido una de las corrientes más destacadas, no solo en cantidad, sino también por su integración, su aporte y su contribución al poblamiento del país. Según datos del Archivo General de la Nación Argentina los suizos que llegaron a nuestro país, se asentaron principalmente en las provincias de Córdoba, Santa Fe y Mendoza y, en menor medida, en provincias como Buenos Aires y Misiones.

En febrero de 1856 llegó a la provincia de Santa Fe el primer contingente de 421 europeos, que se asentaron en la primera colonia agrícola argentina, la que se llamó Esperanza, En ella se habían establecido alrededor de 200 familias de agricultores, de las cuales más del 50 por ciento, eran suizos de habla francesa y alemana, entre esas familias podemos mencionar a la familia Frey, que luego será pionera en la colonia General Alvear.

De aquellas familias suizas que iban llegando a nuestro país, se encontraba la familia Burgi y de este grupo familiar queremos hablar de una de sus integrantes que hoy cumple sus jóvenes y joviales cien años, Doña Sofia Burgi.

Nació en Lucerna, o Luzern, en el centro de Suiza, el 14 de julio de 1919. Una pequeña ciudad llena de encanto, ubicada en la orilla occidental del lago Cuatro Cantones (Vierwaldstättersee), es una de las imágenes icónicas de Suiza, por donde discurre el río Reuss y en el que se pueden observar cisnes por doquier, que se dejan llevar grácilmente. Dueña de un rico patrimonio arquitectónico, lleno de históricos edificios, puentes y plazas a cada cuál más romántica y evocadora.

Llego a la República Argentina con apenas 6 años junto a su hermano, Carlos Alberto, de solo 4 años, y sus padres, Don Carlos Burgi y Doña Josefina Baggio. Por aquellos años, Suiza vivía un período de entreguerras, a pesar de haber quedado al margen de la Primera Guerra Mundial, que trajo consigo una grave crisis económica y grandes desórdenes políticos.

Con aquel duro contexto, la familia Burgi, emprende el largo y hasta aventurado viaje, hacia el Puerto de la Ciudad de Buenos Aires, cruzando el Océano Atlántico en uno de los tantos buques que traían mercaderías y sueños a tierras americanas, el Antonio Delfino. El transatlántico a vapor fue nombrado así en honor a este argentino que representaba a la Compañia Hamburg-Süd en el Río de la Plata.

A poco de desembarcar, aquella familia lucernense, motivada por las buenas nuevas que se escuchan de los pueblos mendocinos, emprenden viaje en el tren del Ferrocarril del Oeste. Su nuevo destino seria General Alvear, precisamente, algo más al sur, a una nueva colonia agrícola que según habían escuchado, ofrecía un nuevo futuro a sus colonos, la Colonia San Pedro del Atuel.

Al llegar son recibidos por un familiar, su primo Cristian Burgi, que ya había adquirido una parcela de tierra en aquel General Alvear de antaño que crecía velozmente. Será el quien los insta a comenzar a trabajar su propia tierra en el lugar. Los Burgi se instalan en una pequeña propiedad ubicada a la vera de calle 4, pero lamentablemente las cosas no resultaron como lo esperaban, la aridez del suelo y la poca fertilidad, obligaron a la familia a adquirir una nueva parcela sobre calle 6 en Colonia Rusa.

De aquellos sencillos y difíciles comienzos en tierra argentina, Doña Sofia cuenta que: en las noches dormían en colchones de “chala” de maíz, en algunas oportunidades solían secar la yerba para tomar mate, y cuando no tenían que comer tomaban té de menta que cultivaban a orillas de los canales de riego.

Su primer trabajo fue a los 13 años, debía cuidar niños en la recordada y querida Escuela Nacional N.º 11, donde se unían hijos de criollos, eslavos, italianos y españoles y poco a poco iban conformando la diversa sociedad carmensina. Doña Sofia colaboraba con sus padres en los gastos que tenía la familia, apenas si hablaba castellano.

Sus padres, como la mayoría de los colonos que poco a poco se iban afincando en nuestras tierras, comenzaron con las duras tareas del desmonte de la parcela que habían comprado a la administración de la Colonia San Pedro del Atuel.

Duros años de sacrificio y dedicación que se vieron recompensados con campos de frutales y viñedos que coronaban el trabajo denodado de la familia Burgi.

Don Carlos, el padre de Sofia, al mismo tiempo ingresa a desempeñar distintas funciones en las oficinas que la administración de la Colonia San Pedro del Atuel poseía en la villa cabecera del distrito, junto al ingeniero Carlos Rabagliatti, quien en ese momento era gerente de la misma, fueron construyendo, al margen de la actividad laboral, una profunda amistad.

Doña Sofia se une, en el año 1939, en matrimonio con un joven inmigrante italiano que hacía poco tiempo había llegado a tierras carmensinas y que vivía en una propiedad lindante con las de la familia Burgi, Don Ferrucho Bernardi. Don Ferrucho era por aquellos años tomero, y juntos tendrán un hijo: Juan Carlos.

Pero la desgracia enluta a la joven familia, cuando en una discusión por derechos de horas de riego con un vecino del lugar, cae muerto Don Ferrucho.

La joven madre queda sola con su pequeño hijo, Juan, de solo un año de edad. Pero con una fuerza de voluntad envidiable, se repone de aquel trágico momento y decide rehacer su vida.

Es así que el 27 de septiembre de 1947 se une en matrimonio con Don Juan Santiago Tapia, juntos tendrán cuatro hijos: Alberto, Víctor, Osvaldo y Alfredo.

En el año 1990, fallece Don Juan Santiago Tapia, es el momento en que Doña Sofia se radica en la ciudad de Mar del Plata, donde vivían tres de sus hijos.

Pero los recuerdos y las añoranzas de su pequeño pueblo mendocino, de la pequeña vivienda rural, de las reuniones con familiares y amigos para compartir una amena charla con algún pedazo de buen jamón crudo y regados por un tinto casero, y en donde se respiraba aires de cordialidad y nobleza, hicieron que regresara a su querido San Pedro del Atuel, donde permanece hasta la actualidad.

Con una memoria intacta, esta abuela de 102 años, recuerda cada etapa de su vida, su niñez, su adolescencia, cada momento, su juventud, sus matrimonios y los sacrificios por sobrevivir en nuestra tierra. Es increíble su fuerza interior, dueña de un carisma y un espíritu solidario únicos, ejemplos como el de Doña Sofia Burgi o la querida “Pepita” Hoshi nos demuestran que vivir si que vale la pena.

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